Las Catacumbas de San Sebastián

by Coronel | 23 septiembre, 2018 9:21 pm

Catacumbas de San Sebastián

Localizadas en la Via Appia Antica, las catacumbas de San Sebastián deben su nombre al santo mártir aquí enterrado en el siglo III d. C., San Sebastián. Además de catacumbas cristianas, en esta zona se han documentado otras estructuras que corresponden a cuatro períodos, a saber: una primera época, pagana, que se fecharía entre el siglo I y el III d. C. A esta le seguiría una fase cristiana, que duraría hasta mediados de la centuria siguiente, momento en el que debemos encuadrar el martirio y la construcción de las catacumbas. Desde ese momento, y hasta finales del siglo XVI, habría que hablar de otra etapa cristiana, protagonizada por la construcción de la basílica que mandó levantar Constantino el Grande. Finalmente, a finales del siglo XVI tendría lugar un nuevo momento, que perduraría hasta la actualidad y cuyo máximo exponente es la remodelación completa del templo paleocristiano (Castillo, 2008: 22).

Centrándonos en el complejo de las catacumbas cristianas y su posterior evolución hemos de decir que gracias al Cronógrafo del 354 podemos conocer la fecha del martirio de este santo, el 20 de enero, así como que fue enterrado «in catacumbas», término que hacía referencia a las depresiones que presentaba el terreno y que pasó a denominar a este tipo de tumbas. En ese lugar se excavarían, a partir de esa fecha, más enterramientos cristianos, que, como otras catacumbas —las de Domitila o San Calixto, por ejemplo—, pueden visitarse en la actualidad.

El martirio de san Sebastián es un tema que está muy presente en la pintura. Dicen las fuentes que san Sebastián era de Narbona y que fue criado en Milán en el seno de una familia cristiana. Fue centurión en época de Diocleciano, pero debido a los rumores que circulaban sobre su fe y la difusión que hacía del cristianismo entre otros militares, fue condenado a la pena máxima. Esta consistió en atarle a un árbol y dispararle saetas hasta que las heridas le causaran la muerte. Fue dado por muerto, pero sobrevivió al martirio. Abandonado a su suerte, Irene, la viuda de Cástulo, otro mártir, lo llevó a su casa y lo curó de sus heridas. Volvió a presentarse frente a Diocleciano para proclamar su fe y su inocencia y nuevamente fue condenado, esta vez a morir apaleado. Ya fallecido, el cuerpo fue arrojado a la Cloaca Máxima para que los cristianos no pudieran recuperar su cuerpo y rendirle culto. A pesar de ello, se apareció a Lucina, una santa que se encargaba de inhumar los cuerpos de aquellos que habían sufrido algún martirio. De este modo, Lucina consiguió localizar el cuerpo de san Sebastián y lo enterró en la vía Apia (Carvajal, 2015: 55-56).

Sobre el lugar de enterramiento Constantino mandó levantar, en el siglo IV, la basílica homónima. Las inscripciones que se conservan en el triclia de la entrada de la iglesia actual, que aluden a los apóstoles Pablo y Pedro, apuntan a que esta construcción fue erigida en honor a estos santos. Durante el siglo III esa zona se convirtió en lugar de peregrinación para todos aquellos que querían venerar sus restos, posiblemente trasladados allí durante la época de Valeriano para que los fieles pudieran rendir culto. De ahí el nombre que recibieron las catacumbas de San Sebastián durante esos años: Memoria Apostolorum. Hacia el siglo VII, una importante epidemia de peste se extendió por Roma y Pavía. La finalización de esta plaga se relacionó con san Sebastián, según nos cuenta Pablo Diácono en su Historia Longobardorum. A san Sebastián se le consideró taumaturgo y protector de las epidemias de peste, pues estas se asociaban con lluvias de saetas, y este hecho contribuyó a que la basílica de Constantino comenzara a conocerse como la de san Sebastián.

En el siglo XVII la iglesia sufrió una remodelación integral a cargo de Guido Reni, que se encargó de la dirección del proyecto diseñado por Flaminio Ponzio. Dicha remodelación ocupó la nave central del edificio anterior y conllevó la reforma de su fachada y la construcción de un techo de madera tallada. En su interior se puede contemplar un conjunto muy interesante de sarcófagos, así como diversas representaciones de san Sebastián. También hemos de destacar el altar de mármol de la capilla Albani, mandada a construir por el papa Clemente XI en 1606.

Igualmente, es menester visitar la capilla de las reliquias, con espinas de la corona de Cristo, las cenizas de san Fabiano, santo al que está dedicada la capilla Albani, la flecha de san Sebastián y algunos dientes de los apóstoles Pedro y Pablo.

Por supuesto, es de visita obligada el Museo Epigráfico, la capilla de san Sebastián y, como no, la cripta del mártir, donde se puede apreciar una representación renacentista de este mártir cristiano. Asimismo, no podemos abandonar la iglesia sin disfrutar de la belleza escultórica de la obra Il Salvator Mundi, de Gian Lorenzo Bernini. Por último, es menester indicar que desde el atrio se puede descender a las catacumbas. En el siguiente enlace podéis encontrar un plano con los puntos más destacados de la visita: http://www.catacombe.org/text/guidachiesa.pdf[1].

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Datos prácticos para la visita

DIRECCIÓN
Via Appia Antica, 136 – 00179 Roma RM

HORARIO DE APERTURA
Lun-sab: 10:00 / 17:00 (Última visita 16:30)
Cierra los domingos y durante todo el mes de diciembre.

CONTACTO
Tel: +39 06 7850350 / Fax: 06 7843745
Email: info@catacombe.org[3]

CÓMO LLEGAR
ATAC 118, 218, 660

Bibliografía

CARVAJAL, Helena. «San Sebastián, mártir y protector contra la peste». Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. VII, n.º 13. Universidad Complutense de Madrid, 2015, pp. 55-65.

 CASTILLO, Miguel. «Urbanismo y religión. San Sebastián y su huella en la trama urbana de Roma». Espacio y Tiempo, n.º 22. Universidad de Sevilla, 2008, pp. 9-42.

 CATACUMBAS DE SAN SEBASTIÁN. Catacumbas de San Sebastián. Disponible en http://www.catacombe.org/[4].

 STRANO, Silvio. «En torno a las catacumbas cristianas de Roma: historia y aspectos iconográfico de sus pinturas». Boletín de Arte, 26-27. Universidad de Málaga, 2006, pp. 17-35.

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